Los grandes gigantes digitales van aclarando sus posiciones estratégicas en el terreno de la tecnología educativa. Estos días hemos conocido que la empresa más grande del mundo dedicada a la enseñanza, Pearson, va a abandonar su línea de Learning Management System (LMS). Por su parte, Google ha anunciado que cerrará su Google Play for Education. Son dos movimientos importantes con cierto paralelismo que tienen su interés; en ambos casos la explicación es que ambas empresas quieren centrarse en otras líneas de trabajo que les resultan más interesantes (léase, más rentables). Por su parte, Amazon también estos días ha anunciado que va a lanzar una gran iniciativa para promover los recursos educativos abiertos. Por último, el fundador de Facebook, Mark Zuckenberg, ha invertido 6,4 millones de dólares junto a Laurene Powell, la viuda del creador de Apple, Steve Jobs, en una empresa de enseñanza de lengua inglesa.

La filosofía de Silicon Valley está basada en la idea de que los problemas del mundo pueden arreglarse por la vía tecnológica, y parece que poco a poco las grandes de Internet van adentrándose en la educación y empiezan a tener más claro qué quieren hacer y qué no. Está moviéndose incluso la institución líder de pensamiento en la bahía de San Francisco: la universidad de Stanford apoyará a ClassDojo, la startup de moda en tecnología educativa, en un movimiento de mucho más calado de lo que parece a primera vista. Pasemos a analizar todos estos movimientos.

Que los grandes abandonen líneas de trabajo en las que han invertido mucho dinero y esfuerzo siempre es significativo. Los LMS no son negocio para Pearson, pero esto significa también que hay un cierto declive en ese modo de trabajo, en el que los estudiantes acceden a un entorno cerrado donde encuentran los contenidos: los productos más innovadores en cuanto a la enseñanza a través de Internet se están produciendo fuera de los LMS. Efectivamente, los usuarios no quieren entrar en un coto cerrado habitualmente sólo accesible vía web y con dispositivos tradicionales (ordenadores portátiles o de mesa), sino que quieren acceder al contenido libremente, en cualquier lugar, y con toda clase de dispositivos. Y eso no es fácilmente alcanzable con los LMS. Por lo demás, el seguimiento del alumno más interesante, cualitativo, es algo mucho más amplio que el seguimiento tradicional que hacen los LMS, y los productos estrella perderían gran parte de su atractivo si se tuvieran que constreñir a las funcionalidades que permiten estos sistemas.

En cuanto a Google Play for Education, inicialmente fue una iniciativa que parecía ser un claro caballo ganador: las tabletas Android parecían ser el dispositivo que iba a inundar el mundo educativo en todas partes por sus capacidades y bajo costo, pero poco a poco se ha ido viendo que en la escuela, igual que sucede en los entornos laborales, no sólo resulta necesario consumir contenido, sino que también hay que trabajar, y para ello las tabletas pierden en la comparación con los dispositivos con teclado. De hecho las ventas de Chromebooks en centros educativos están superando con mucho a las de las tabletas. Si a ello le sumamos que la tienda de aplicaciones de Android está llena de productos con baja calidad, o muy parciales, y que resulta muy complicado ligarlos al currículo escolar, comprendemos que Google en el terreno educativo finalmente haya optado por el navegador frente a las tabletas.

En el caso de iteNlearning, coincidimos con el análisis de estas dos grandes empresas: nuestros proyectos editoriales tienen sus propios entornos, para poder facilitar un seguimiento de alta calidad del desempeño de los estudiantes, y están pensados preferentemente para ser utilizados en entornos web, aunque aún así también pueden seguirse desde tabletas.

El caso de Amazon y su apuesta por crear un gran portal de contenidos educativos abiertos hay que verlo desde la perspectiva de que la casa de Jeff Bezos es fundamentalmente una gran tienda, y a las tiendas les interesa que mucha gente las visite para poder vender. En ese sentido, siempre les resultará útil cualquier iniciativa que gane mucho tráfico. Y más aún si consiguen que los visitantes del espacio de contenidos abiertos perciban que lo que se les ofrece gratuitamente está bien, pero que lo que hay “de pago” resulta mejor; no hay que olvidar que uno de los grandes éxitos de Amazon es precisamente su motor de recomendaciones. Cuando alguien busque contenidos educativos abiertos sobre algún tema, junto a la oferta gratuita recibirá también consejos sobre otros productos que desde luego serán presentados de la manera más atractiva posible y gracias a ello muchos visitantes comprarán títulos que no tenían previsto comprar.

Además, los contenidos educativos digitales van a ser cada vez más una commodity, en el sentido de que serán fácilmente intercambiables entre sí: un contenido creado de manera colectiva tendrá el mismo valor que el de la mejor editorial, igual que ha pasado con las enciclopedias. Eso en el caso de que no se ofrezca un valor diferencial grande. Si las editoriales educativas quieren crear productos educativos digitales de éxito no pueden quedarse en una mera digitalización de contenidos, porque la iniciativa colectiva los acabará igualando, y a un precio sin competencia posible porque tenderá a cero.

Para que un producto educativo digital sea finalmente rentable, debe ofrecer algo que no pueda ser alcanzado por la creación colectiva, en forma de funcionalidades avanzadas, inteligencia artificial y características únicas que hagan que sí sean insustituibles. Es algo de lo que se ha dado cuenta el fundador de Facebook, Mark Zuckenberg. Hace un tiempo donó 100 millones de dólares para las escuelas de la ciudad de Newark, en Nueva Jersey, y su aportación no tuvo gran influencia en los resultados de los estudiantes; más tarde donó 500 millones a una fundación que apoya proyectos locales, entre ellos educativos. En los dos casos la idea se tradujo finalmente en hacer “más de lo mismo”, y de lo que se trata es de conseguir verdadera innovación educativa, sustituir los procesos educativos por otros nuevos más eficientes. Después de aprender de la experiencia, Zuckenberg en vez de donar dinero de una forma ciega en educación ha decidido invertir en una empresa educativa determinada, que sí aporta novedades diferenciales frente a lo existente. En eso sí hay futuro, y hay rentabilidad.

Esa es precisamente la línea de iteNlearning: nuestro trabajo desde hace 20 años no puede ser replicado por ninguna iniciativa colectiva por muchos esfuerzos que sume. Además se da la circunstancia de que la empresa en la que ha invertido el fundador de Facebook es muy similar a nuestro trabajo en Lengua y Lectoescritura. Esto nos confirma que vamos en la buena dirección.

 

 

 

Fotografía extraída del Banco de Imágenes y Sonidos del INTEF.

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